Estrategias para entrar y salir de la globalización en La frontera de cristal de Carlos Fuentes

by Hugo Méndez-Ramírez
Citation
Title:
Estrategias para entrar y salir de la globalización en La frontera de cristal de Carlos Fuentes
Author:
Hugo Méndez-Ramírez
Year: 
2002
Publication: 
Hispanic Review
Volume: 
70
Issue: 
4
Start Page: 
581
End Page: 
599
Publisher: 
Language: 
English
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Abstract:

ESTRATEGIAS PARA ENTRAR Y SALIR
DE LA GLOBALIZACION
EN LA FRONTERA DE CRISTAL DE CARLOS FUENTES

HUGOMÉNDEZ-RAM~REZ

Georgia State University

A boundary is not that at which something stops but, as the Greeks recognized, the boundary is that from which something begins its presencing. (Martin Heidegger, citado por Homi Bhabha en The Location of Culture)

. . . el hombre no puede ver ni comprender en su totalidad, ni siquiera su propia apa- riencia, y no pueden ayudarlo en ello la fotografía ni los espejos. La verdadera apa- riencia de uno puede ser vista tan sólo por otras personas, gracias a su exotopía espa- cial y gracias a que son otros. (Mijai" M. Bajtín, Estética de la creación verbal)

n reciente reporte de STRATFOR (Strategic Fore- casting), una organización formada por exmiem- bros de la CIA y otras agencias gubernamentales, llevaba el sugestivo título de "The Latin Arnerican Pressure Cooker" y reconocía que "the effect of market forces on relatively closed economies can be enormous and devastating. We see the most extreme case in the former Soviet Union, where the introduction of a market economy has led to massive social disruption, growing inequality and economic chaos" (December 30, 1999). En el caso particular de México, el pronóstico no es menos desalentador. La

intensificación del poder de los carteles de la droga con su influencia en la política y la economía, junto al creciente sentimiento antiame- ricano causado por las reformas del mercado y la interferencia estadounidense en los asuntos nacionales, podría intensificar las fuerzas antineoliberales aún más que en el resto del continente. Son precisamente éstas y otras tensiones creadas por la liberalización del mercado en México lo que Carlos Fuentes ha intentado capturar o plasmar en su novela La frontera de cristal, tratando, al mismo tiempo, de encontrar respuestas o maneras efectivas de enfrentarse a la globalización.

La posición del escritor mexicano con respecto a la globalización es bien conocida: "es un hecho y sería necio oponerse a ella en principio" (El pais 16), pero aclara que lo que sí estamos obligados a hacer es someterla a análisis crítico que incluiría consideraciones de asuntos como la soberanía nacional, el nacionalismo, la especu- lación financiera y su efecto dominó, así como la contradicción de darle plena libertad de movimiento a productos y mercancías pero negársela a las personas.1

Aunque la premisa de que no hay alternativa al neoliberalismo mundial es considerada falsa por Noam Chomsky y otros intelectua- les,' el consenso general en Latinoamérica (independientemente de estar en contra o a favor de la globalización) parece coincidir con la opinión de Carlos Fuentes de que es inevitable. Néstor García Can- clini, por ejemplo, cuestiona en su obra, La globalixación imagi- nada, no tanto la inevitabilidad de la globalización como sus men- tados beneficios o "que la única forma de realizarla sea mediante la

'Cabe señalar que estas posturas ante la globalización ya empiezan a manifes- tarse en diferentes sectores del imaginario político-nacional. Llama la atención, por ejemplo, el hecho de que Vicente Fox durante su visita a los Estados Unidos, meses antes de asumir la presidencia, abogara específicamente por la eventual apertura de la frontera al libre tráfico no sólo de productos sino también de personas entre México, EEUU y Canadá. (Actualmente la administración del ya Presidente Fox continúa sus esfuerzos en esta misma dirección.)

"e acuerdo con Chomsky, en su libro Profct OverPeople, no sólo la premisa es falsa sino que aquéllos que la detentan o aceptan se convierten en parte de la cultura defensora del neoliberalismo: "The ultimate trump card for the defenders of neolibe- ralism . . . is that there is no alternative" (8). Ver también de este libro el quinto capítulo, "The Zapata Uprising" donde el lingüista norteamericano denuncia la impo- sición al pueblo mexicano del TLC o NAFTA y su impacto negativo en las condiciones laborales de los tres países involucrados.

liberalización mercantil," y después agrega que lo que se propone con este estudio sobre el tema-de manera similar a Carlos Fuentes-es "averiguar qué podemos hacer ante este futuro, para algunos promisorio, para otros clausurado, quienes nos ocupamos de la cultura. O sea, qué preguntas le hacen la interculturalidad al mercado y las fronteras a la globalización" (10). Por su parte, Daniel García Delgado, en su libro Estado, nación y globalixación, contem- pla "las variadas interrelaciones entre lo global y lo local, lo público y lo privado, lo individual y lo comunitario" y señala "la necesidad de analizar cómo pueden prefigurarse estas tendencias hacia el futuro y, sobre todo, de cómo poder actuar sobre ellas" (9-10). Son estos cuestionamientos a los que Carlos Fuentes intenta dar respuesta cuando afirma que "no nos queda sino volver a nuestra propia condición nacional y admitir que los problemas globales tienen soluciones locales y que no hay globalización sana sin sociedades sanas" (El Pais 16) y para lograrlo, hay que vigorizar la cultura, la democracia y la sociedad civil, pero también a un Estado nacional fuerte.

La frontera de cristal, una novela en nueve cuentos, intenta precisamente dar respuesta a estos dilemas, pero sin evadir, al mismo tiempo, el riesgo, las dificultades y contradicciones que im- plica tal empresa. Por una parte, la novela es la puesta en escena, el perfomance de las aldeas local y global, convergiendo metafórica y literalmente en el ambiguo concepto de frontera, en ese intersticio imaginario y real. Por otra, es también la representación narrativa de ciertos principios teóricos enunciados por el mismo escritor que, a la vez, están conceptualmente asociados con diferentes postulados poscoloniales. En este contexto, propongo una lectura de la novela más que como obra de ficción como un texto puesto al servicio del desarrollo coherente de ciertas estrategias que informan la negocia- ción hegemónica, en el sentido que le da, por ejemplo, Ernesto Laclau o Homi Bhabha.

Para el filósofo argentino, los intelectuales progresistas y la nueva izquierda tienen la necesidad de entender la naturaleza o el carácter de la "lucha hegemónica" y de desarrollar sus propias estrategias hegemónicas o de poder. Laclau ve la hegemonía no como la imposición de un grupo preconcebido de ideas, sino como algo que emerge de la interacción política de los grupos. En Hege- mony and Socialist Strategy, Laclau y Chantal Mouffe ofrecen la siguiente genealogía:

The concept of hegemony did not emerge to define a new type of relation in its specific identity, but to fill a hiatus that had opened in a chain of historical necessity. 'Hegemony' will ailude to an absent totality, and to the diverse attempts at recomposition and rearticulation which, in overcoming this original absence, made it possible for struggles to be given a meaning and for historicai forces to be endowed with full positivity. The contexts in which the concept will appear will be those of a fault (in the geological sense), of a hsure that had to be filled up, of a contingency that had to be overcome. 'Hegemony' will be not the majestic unfolding of an identity but the response to a crisis. (7)3

Y para Homi Bhabha, es precisamente en los espacios fronterizos o compartidos donde se da con mayor acuidad y urgencia dicha nego- ciación cultural. "It is in the emergence of the interstices-the overlap and displacement of domains of difference-that the intersub- jective and collective experiences of nationness, community interest, or cultural value are negotiated" (The Location 2), y más adelante ha:

The representation of difference must not be hastily read as the reflection of pre-givm ethnic or cultural traits set in the fixed tablet of tradition. The social articulation of difference, from the minority perspective, is a complex, on-going negotiation that seeks to authorize cultural hybridities that emerge in moments of historical transformation. (2)

Si vemos el texto en estos términos, podemos explorar la manera en que los diferentes relatos de la novela proponen llenar este espacio

o proveer ese contenido faltante que menciona Laclau en la lucha hegemónica. Nos interesa, también, analizar cómo el texto intenta vigorizar la cultura e identificar qué estrategias de representación o poder son puestas al servicio del enunciado para la creación de una sociedad civil o un Estado nacional fuerte, que incluyen, desde luego, la formación del sujeto y la negociación cultural que menciona Bhabha.

Una de las estrategias utilizadas para vigorizar la cultura local y nacional, es el tratamiento del tema de la nostalgia, uno de los temas

''Más recientemente, en una entrevista con Lynn Worsham y Gary Olson, Laclau reiteraba su posición, afirmando que "[Tlhe question of hegemony is linked to a situation in which something is missing and a particular content takes up the repre- sentation of that missing element" (Race, Rhetoric 134).

privilegiados de la nueva narrativa en ~éxico.~

Este tema, desde luego, no es nuevo en Carlos Fuentes; se toca desde Cambio de piel (1967), pero cobra mayor insistencia y persistencia a partir de Agua quemada (1981). El enfoque tampoco es exclusivo de Carlos Fuentes en este contexto globalizante. (Las batallas del desierto de José Emilio Pacheco, Demasiado amor de Sara Sefchovich, 2En quién piensas cuando haces el amor? de Homero Aridjis y Cielos de la tierra de Carmen Boullosa, serían ejemplos de este tipo de novela.15

En La frontera de cristal, la nostalgia cobra un doble significado: por un lado, forma parte de esas estrategias puestas al servicio de la lucha hegemónica; pero también forma parte del enfrentamiento espacio-temporal del individuo. Desde el primer relato de la novela, se establece un claro contraste entre los personajes y su nivel semántica. Leonardo Barroso, uno de los hilos conductores de las nueve historias, es el hombre fuerte que además de haber sido diputado, es ahora un activo empresario de las maquilas e ingenioso exportador de mano de obra mexicana a los EEUU. Leonardo, de 55 años, enamorado de su bella ahijada de 25, Michelina Laborde e

El tema ya lo había hecho notar John Brushwood en su estudio de la novela mexicana más reciente (1967 y 1982). "En la novela de este periodo que estudiamos encontramos evidencias de un concepto de realidad escurridiza y, al mismo tiempo, notamos características que señalan un deseo de estabilidad. Últimamente, alcanza- mos a ver una probable quinta característica, representada por una tendencia al empleo de la novela de nostalgia, incluyendo la histórica" (20).

Hay que añadir también que el tema, como estrategia utilizada para reforzar la cultura local, se da hoy en México en muchos niveles, sobre todo en la televisión. En Guadalajara, a inicios del año 2000, en Televisa, Canal 2, La Fundación México Unido lanzó un comercial informativo sobre los "valores mexicanos." Se trata de una familia del pueblo mexicano que se reúne a celebrar "algon (un cumpleaños?) en la casa del patriarca: hermanos y hermanas, nueras, yernos, hijos, nietos, etc. Otro comercial muestra a varias personas de diversos niveles sociales y en diferentes situaciones difíciles de la existencia, persignándose o haciendo la cruz-el comercial es patroci- nado por un grupo religioso. Por su parte, Televisa ha inaugurado este año un canal llamado "9 Milenio" que muestra sólo programas de recuerdo de los sesenta y setenta, sobre todo las comedias de Viruta y Capulina, Los polivoces, "Gutierritos" con Mauricio Garcés, y otros (algo así como el Nickelodeon o canales del recuerdo en USA, además ya existe en México un canal de MTV Clásico). Lo irónico de todo esto es que lo nostálgico es puramente incidental, puesto que se trata, también, en gran parte, del marketing al estilo estadounidense o sea que es el producto directo de la globalización. Es irónico porque varios autores mexicanos, incluso Carlos Fuentes, echan mano del tema precisamente con el propósito de combatir los efectos nocivos de la globalización.

Ycaza (la capitalina), logra casarla con su hijo Mariano para así tenerla cerca. El relato se centra en la tensión entre centro y peri- feria, entendido esto según la dicotomía que propone Carlos Monsi- váis de la capital como centro de la cultura y de conocimiento y la provincia como un locus amorfo de ignorancia y mezquindad (167).~ Leonardo Barroso y su familia fronteriza representan a los nuevos ricos con acceso al primer mundo, pero carecen del acerbo cultural de la capital. Michelina Laborde, la capitalina, al contrario, pertenece a una vieja familia aristocrática que perdió su influencia después de la Revolución, y cuya abuela se ha convertido en la portadora de la tradición familiar: doña Zarina Ycaza de Laborde "se refugió" nos dice el narrador, "en la curiosa ocupación de coleccionar triques, chunches y sobre todo revistas" (15) que un día vendió a una com- pañía norteamericana de memorabilia por cincuenta mil dólares-lo

cual llevó a uno de sus nietos a calificarla como la "Zarina de la Nostalgia." La verdadera nostalgia, sin embargo, es ante la destruc- ción de la capital como centro de cultura: "Ella se quedó aquí y asistió a la muerte paradójica de una ciudad que mientras más crecía más disminuía, como si la ciudad de México fuese, ella misma, un pobre ser que nació, creció y, fatalmente se murió. . ." (15).

La nostalgia por la ciudad alcanza un nivel casi metafísico en el relato que lleva el título de la novela. Su protagonista, Lisandro Chávez, un joven de clase media, cuya familia también ha venido a menos, se ve forzado a aceptar un trabajo de limpiavidrios los fines de semana en Nueva York. Al despegar el avión, evita mirar hacia abajo:

porque temía descubrir algo horrible que quizás sólo desde el cielo podía verse: ya no había país, ya no había México, el país era una ficción o, más bien, un sueño mantenido por un puñado de locos que alguna vez creyeron en la existencia de México. (204)7

"os referimos específicamente al tratamiento del tema, un tanto irónico, en su reciente ensayo "De la frontera y el centro. Encuentro de mitologías," publicado en Procesos culturales defin de milenio. Favor de consultar la lista de obras citadas.

Uno de estos locos, claro está, es el mismo escritor, quien en una entrevista con Ricardo Cayuela Gally se lamenta de la irreversible pérdida de aquella ciudad de su juventud:

Para los que vivimos una ciudad mejor que ésta, el dolor es mayor que para las generaciones jóvenes que ya no la conocieron. Sin embargo, nosotros tenemos, por

También Leonardo Barroso siente nostalgia, pero por razones muy distintas a las de los personajes anteriores, con relación al hecho frívolo de tener que vivir en una mansión bordeada por una reja inmensa de hierro forjado que asemeja las de los estudios de Hollywood: "Qué más diera yo que vivir con las puertas abiertas, como hacíamos en el Norte. Pero ahora hasta los gringos necesitan guardias armados y perros policías. Ser rico es un pecado" (18).

La otra cara del tema se presenta en el contexto de las maquilas y su impacto en los cambios de la estructura familiar y social, la contaminación lingüística y cultural o el desarraigo real y figurado. Para las clases populares, la nostalgia tiene que ver más con el desarraigo familiar, la pérdida de su sentido de pertenencia y su conexión con la tradición local: su familia, su pueblo, sus fiestas, sus santos. Candelaria, una de las trabajadoras en "Malitzín de las ma- quilas" que trabaja en una maquila dirigida por Leonardo Barroso, echa de menos el sentido de vida que encontraba antes en su pueblo:

En el ejido me encargaba de que estuvieran limpias las calles y pintadas de blanco las paredes, me gustaba preparar el papel picado para las fiestas, traer a los músicos, organizar los coros de los niños. Mi papá me dijo que era yo demasiado lista para quedarme en el campo. Él mismo me trajo a la frontera, cuando tenía quince años. (149)'

Irónicamente, se debe a ese afán teleológico, afán de darle sentido a la existencia, que ahora ella se dedica a organizar y promover entre sus compañeras la formación de sindicatos.

lo menos, la nostalgia, la memoria de haber vivido en una ciudad que para mí siempre será la de mis veinte años. . . (Carlos Fuentes: Territorios 264).

S Carlos Monsiváis ha cuestionado estos esfuerzos por "la unificación nacional" basándose en la recuperación nostálgica de un sentido de identidad localizado en el pasado. La posición del cronista mexicano sena en este caso diametralmente opuesta a la que propone aquí Carlos Fuentes, ya que Monsiváis no sólo rechaza el concepto de identidad fundado en el pasado indígena o en la religión, sino que, más bien, propone o parece sugerir, con sarcasmo, la disolución del regionalismo en favor de lo universal: "En un mundo donde los bastiones del regionalismo se disuelven ante la seducción tecnológica, ¿tiene caso demandar la presencia intacta de las culturas regionales?. . ."(173); y más adelante señala: "Lo regional puede definirse por razones de geografía, estructura política, administrativa, relaciones e intercambio de mercado, pero si se le ubica como identidad cultural y restrictiva, se está próximo a la glorificación indirecta del fracasan (174).

Hay que aclarar que el tema de la nostalgia, más que proponer un recuerdo de un mejor tiempo pasado, sirve como contrapunto a la realidad producida por las embestidas del capital mundial, sobre todo el norteamericano. No se trata sólo de evocar el pasado sino de establecer al mismo tiempo un contraste cualitativo entre el hoy (con su implícito futuro global) y el ayer con su riqueza cultural. Se trata, por lo tanto, de incitar un cuestionamiento consciente ante las posibilidades y riesgos que nos ofrece el nuevo orden mundial, según el mismo autor lo ha expresado en diferentes ocasiones. En realidad, la nostalgia es una de las estrategias de la formación de la identidad nacional, posibilitada por el enfrentamiento del individuo contempo- ráneo con su extemporaneidad o, mejor dicho, con su "otredad" temporal, en una especie de interacción íntima con las fronteras del tiempo y espacio. Éste es el (pre)texto que le sirve al autor para articular o redefinir el tema central de la novela que es el complejo encuentro con el otro y la serie de subtemas que contiene: identidad, alteridad y, muy en particular, la negociación de nuevos espacios en conflicto. Como sugiere Homi Bhabha,

The borderline work of culture demands an encounter with 'newness' that is not part of the continuum of past and present. It creates a sense of the new as an insurgent act of cultural translation. Such art does not merely recall the past as social cause or aesthetic precedent; it renews the past, refiguring it as a contingent 'in-between' space, that innovates and interrupts the performance of the present. The 'past-present' becomes part of the necessity, not the nostalgia, of living. (The Location 7)

Si el tema de la añoranza, entonces, era parte de la estrategia para vigorizar la cultura nacional, el tema del otro se presenta como el componente fundamental en la creación de espacios de conoci- miento donde se posibilita la formación de una sociedad civil cuya toma de conciencia se da, precisamente, a través de una serie de encuentros e intercambios dialógicos con la otredad que intentan llevar al individuo a la autoafirmación, a la revelación de sí mismo, ese proceso al que Mijaíl Bajtín llama exotopia, o "el 'hallarse fuera' de aquél que comprende-hallarse fuera en el tiempo, en el espacio, en la cultura . . ." (158). Explica Bajtín:

el hombre no puede ver ni comprender en su totalidad, ni siquiera su propia apariencia, y no pueden ayudarle en ello la fotografía ni los espejos. La verdadera apariencia de uno puede ser vista tan sólo por otras

personas, gracias a su exotopía espacial y gracias a que son otros. (Yo también soy 158-9)

El mejor argumento a favor de esta lectura lo ofrece el mismo escritor en un ensayokarta a Salman Rushdie, uno de los escritores cuya obra, para Fuentes, refleja muy bien el desafío multicultural del futuro, y ahí afirma: "El encuentro con el extradero, con el hombre

o la mujer de otro credo, otra raza, otra cultura, que no son como tú y yo, pero que nos complementan y nos revelan quiénes somos tú y yo" (Geografia 164). El locus fronterizo, por supuesto, facilita el tratamiento del tema del otro y al mismo tiempo constituye un modelo propio, una aplicación local. En otras palabras, este espacio se convierte tanto en la síntesis ideal de convergencia entre el yo y el otro como en el punto de intersección conceptual y real de lo global y lo local. No estan'a de más, en este momento, aclarar que el concepto de frontera vertido aquí no se limita a ningún referente geográfico en particular, sino que se refiere a todo espacio-real o imaginado-donde se da el encuentro, el intercambio y la negocia- ción cultural de diferentes individuos y grupos. A esto se debe que los relatos de La frontera de cristal se desarrollen no sólo en la zona fronteriza de México y los EEUU, sino también en Chicago, Man- hattan, Ithaca o Asturias.

Todos los relatos de la novela contienen diferentes modalidades del encuentro con el otro, pero dos de ellos son de interés particular por su alto contenido humano y simbólico. El primero de éstos, "La pena," narra la historia de Juan Zamora, un joven estudiante de medicina que adquiere una beca de Leonardo Barroso para hacer sus estudios en Cornell. Juan Zamora, aunque perteneciente a una fami- lia de clase media, se presenta a su familia arúitriona y a los demás como un rico hacendado, en gran parte tratando de satisfacer las expectativas culturales de los gringos. Durante su estancia en Cor- nell, Juan descubre las fronteras de su sexualidad al conocer y enamorarse de Jim, su compañero en el laboratorio de autopsias. Hasta este momento del relato, el narrador testigo que sigue al protagonista como con una cámara, nos informa que Juan ha estado narrando su historia de espaldas al lector-espectador, y no es sino hasta el momento de revelación de su homosexualidad, inmediata- mente después del beso liberador, que Juan le "da la cara" al lector- espectador. Pero el descubrimiento no es sólo de sí mismo sino también del otro, de la otra cultura, de la hipocresía, la arrogancia y el convencionalismo materialista de los estadounidenses. La familia anfitriona de Tarleton Wingate, un conservador republicano que se dedica al cabildeo en Washington a favor de las compañías de defensa militar, empieza a tratarlo con frialdad y despotismo cuando se entera de la relación homosexual de Juan con Jim, aunque nunca se habla de ello. La verdadera crisis emocional de Juan, sin embargo, llega cuando Jim, su amante, lo rechaza después de enterarse de que Juan no es un rico hacendado sino el hijo de un modesto y honrado abogado que había trabajado para Leonardo Barroso cuando éste era diputado. La traición de Jim se convierte en el evento catalizador de la toma de conciencia de Juan, quien regresa a México a terminar sus estudios. Más tarde, en otra historia, al hal de la novela, se dedica a ayudar a enfermos indocumentados de la frontera que no buscan servicios médicos porque temen ser delatados a las autoridades de inmigración por los hospitales, debido sobre todo a los efectos racistas de la proposición 187 y al ambiente anti-inmigrante en California.

En el segundo de estos relatos, "Las amigas," el encuentro con el otro lleva a ambos personajes al autodescubrimiento. Tal es el caso de Miss Amy Dunbar, una señora mezquina, llena de prejuicios raciales y culturales que vive en Chicago y cuya servidumbre no le dura porque la maltrata verbal y psicológicamente. Josefina sirve en la casa de Miss Amy y la soporta, aunque ella en realidad trabaja para Archibald, sobrino de Miss Amy y abogado defensor de inmigrantes. Josefina le ha pedido a Archibald que en lugar de pagarle con dinero le dé clases de leyes a su esposo, Luis María. Éste último se encuen- tra preso injustamente debido, principalmente, a que no domina el inglés, pero insiste en defenderse a sí mismo. Joseha, que habla bien el inglés, se siente culpable porque estaba en México cuando su esposo fue encarcelado y no pudo defenderlo. El profundo amor que siente y expresa Joseha por su esposo, su entrega incondicional, pero sobre todo su autenticidad, son la cara opuesta de la moneda y lo que por h rompe con el duro cristal de la arrogancia y orgullo de Miss Amy. Poco antes, en un enfrentamiento con su sobrino, ésta descubre que había desperdiciado el verdadero amor de su vida-el padre de Archibald- debido a esa arrogancia y a su incapacidad de expresar sus verdaderos sentimientos. El clímax del relato se alcanza cuando:

las dos manos tensas y antiguas de Miss Amalia Ney Dunbar tomaron las manos fuertes y carnosas de Josefina. Miss Amy se llevó las manos de la criada a los labios, las besó y Josefina abrazó el cuerpo casi transparente de Miss Amy, un abrazo que aunque nunca se repitiese, duraría una eternidad. (194-95)

Pero el tema del encuentro con el otro va más allá de la epifanía personal. Carlos Fuentes se ha propuesto, al mismo tiempo, forjar un fuerte sentido de identidad nacional como respuesta estratégica a la globalización que tiende a homogenizar y a eliminar diferencias, lo individual, los valoresg Es así que el encuentro se da también con el otro, el mismo (para usar la frase de Borges), donde el ser individual se fusiona con su ser colectivo, en un complejo y dinámico proceso de identificación que trasciende la frontera de la alteridad. Visto de esta forma, la novela se propone, más que como un cristal transpa- rente, como un espejo que invita al lector a verse a sí mismo con sus prejuicios, a enfrentarse con su propio ser, pero también con aquel otro, el campesino, el chofer, el inmigrante, la chica que trabaja en la maquila, el chulo que la explota y resulta ser "yo," uno mismo. Los relatos van construyendo un laberinto de cristaleslespejos que re- fleja la multiplicidad del sujeto, ofreciéndole la revelación de sí mismo dentro de la diversidad. El objetivo es que el sujeto se enfrente, como los personajes de la novela, a sus limitaciones, al reflejo de sus prejuicios, que se dé cuenta de su propio rechazo o desprecio, de su racismo, sexismo, clasismo y demás, y que final- mente tome conciencia de su identidad personal y colectiva.

Esto explica por qué el concepto de identidad vertido aquí coin- cide también, en su compleja dinámica, con la visión de identidad defendida por Gloria Anzaldúa como algo que como un no no se puede reducir a fronteras fijas:

Identity is not a bunch of little cubbyholes stuffed respectively with intellect, race, sex, class, vocation, gender. Identity flows between, over, aspects of a person. Identity is a river-a process. Contained within the

"a en "Nuevo tiempo mexicano," Carlos Fuentes atribuye la desaparición con- ceptual de la ciudad de México a los efectos globalizantes de los Últimos aiios:

Al perder la ciudad hemos perdido el sentido de la comunidad, el sentido de la civilización. Nos quedan, sin embargo, las armas de la cultura para responder. A partir de la cultura continua y rica de México quizá podamos recrear una comunidad nacional para el siglo XXi. (Carlos Fuentes: Territorios 265)

river is its identity, and it needs to flow, to change to stay a river . . . A river's contents flow within its boundaries. Changes in identity likewise are external (how others perceive one and how one perceives others and the world) and interna1 (how one perceives oneself, seif-image). (252-3)

No es de extrañar, entonces, la metáfora del Río Grande, Río Bravo con la cual se cierra la novela, pero cuya presencia real o figurada permea todos los relatos. Julio Ortega ya había señalado que Fuen- tes, debido a sus múltiples experiencias personales y profesionales, era uno de los primeros escritores que cuestionan la idea de identi- dad como algo "idéntico, estable y prefijado" (51). A esto se debe que los nombres de varios personajes en la novela se (con)fundan entre ellos: Leonardo, Lisandor o Leandro. En "La apuesta," Leandro Re- yes, chofer de turismo, desprecia a un joven mexicano que va besu- queándose con una norteamericana en la parte trasera del autobús:

Miraba por el retrovisor a la pareja de la gringa y el naco y le daba rabia, como siempre que un prieto de estos se aprovechaba de las primitas que venían buscando lo exótico, lo romántico, y acababan en manos de unos hijos de la chingada, zotacos repugnantes y vulgares por los que aquí ninguna vieja daría ni un quinto. (228)

Más tarde él mismo es víctima de su propio desprecio: "Cuando llegaron al hotel, el naco ni miró a Leandro, pero la norteamericana le sonrió y le dio su buena propina" (237) y poco después le confiesa a Encarna, la asturiana española que les acompañaba en el autobús: "Era el carajo tener que servir, lidiar con clientes majaderos, sober- bios, que ni lo miraban siquiera, como si fuera de cristal" (239). Una noche, frustrado y lleno de rabia, Leandro empieza a dar patadas a las defensas de los lujosos coches de los ricos y políticos. En ese momento hay un cambio de focalización, sale Leonardo Barroso del restaurante y se entera de que su chofer se había sentido mal y se había ido, dejándole las llaves del auto al "señor."

Barroso también estalló en cólera ¡país de irresponsables! y de repente se vio retratado en la del pobre Leandro, como que se vio retratado en la muina de un pobre chofer de turismo estacionado allí esperando clientela y pateando arbotantes, y soltó una gran carcajada. Se calmó gracias a ese encuentro, a esa comparación y a esa identijicación. (239) (el subrayado es mío)

En el relato que lleva el nombre de la novela, Leonardo Barroso ha logrado contratar la importación temporal de trabajadores mexi- canos para limpiar varios edificios en Manhattan los fines de semana, cuando las oficinas están vacías. Antes del vuelo a Nueva York, Barroso expresa su intolerancia racial al quejarse de la apariencia de los trabajadores: ''¿Por qué todos tan prietos, tan a tiro nacos?" "Son la mayoría, don Leonardo, el país no da para más" le responde una voz anónima (206). Al llegar a Nueva York, Leonardo Barroso se baja primero para recibir a los trabajadores y se da cuenta que entre ellos se encuentra en realidad una diversidad completa. Descubre que entre el grupo hay muchos como Lisandro Chávez, menos moreno que él, de facciones has, que habían perdido su estatus dentro de la clase media y ahora se veían forzados a aceptar este tipo de empleo. Los trabajadores, tan pronto se acomodaron en el gimnasio lleno de catres, comprados por Barroso en los almacenes del Anny and Navy Supply Store, "empezaron a intimar, a picarse los ombligos, a lla- marse mano y cuate . . ." (210). Aunque presentado de forma irónica, éste es también un momento epifánico para Leornardo Barroso, quien por primera vez los empieza a ver como individuos, con identidad propia:

Había de todo, no sólo el muchacho bigotón con la chamarra a cuadros, otros también en los que el empresario no se había fijado porque el estereotipo del espalda mojada, campesino con sombrero laqueado y bigote ralo se lo devoraba todo. Ahora empezó a distinguirlos, a individualizarlos, a devolverles su personalidad. (207)

A esto se debe que, además de la confusión de los nombres en la novela, Leandro, Leonardo, Lisandro, el lugar de enunciación sea cambiante, desde dentro, desde fuera, de un lado o del otro; que la estrategia narrativa se construya a través de una polifonía de voces, de varios registros que se encuentran dialógicamente en los demás.

Carlos Fuentes nunca ha sido un escritor simplista o maniqueísta. Al contrario, su obra se ha caracterizado por la ambigüedad y ha querido ser siempre un espacio abierto a las contradicciones de la existencia y esta novela no iba a ser la excepción. Es por eso que este relato es sumamente importante, porque presenta varias contradic- ciones que nos llevan de inmediato a cuestionar si el esfuerzo del autor logra su cometido. Es legítimo cuestionarse la efectividad del proyecto, dado el carácter problemático de los varios temas tratados aquí.

En varios relatos, pero en este cuento sobre todo, es problemá- tico debido a que el lector se da cuenta de que aunque existe una

diversidad de voces, la perspectiva de Leonardo Barroso (que se aproxima a la del escritor) claramente expuesta en la última cita, se da desde la posición privilegiada de autoridad y poder; él es quién les "devuelve" a ellos, los trabajadores, su personalidad. Además, en este mismo cuento que lleva el título de la novela, el tema del encuentro con el otro como forma de adquisición de la identidad colectiva entra en tensión y confiicto, cuando el individuo se enfrenta con el otro y se ve en la necesidad de afirmar también su identidad personal. Tal es el caso del protagonista, Lisandro Chávez que al ha1 del relato, rehúsa reafirmarse como individuo cuando Audrey, la joven neoyor- quina, le pide a través del cristal que los separa que escriba su nombre. Lisandro en lugar del nombre escribe, al revés, MEXICAN, negándose así a ser nombrado, a existir como individuo. Sólo se identifica como miembro de un grupo cultural aparentemente homo- géneo y anónimo. Rehúsa coexistir en ese mismo espacio que él y la norteamericana comparten pero que, después de todo, está dividido por los cristales. Paradójicamente, Lisandro se refugia en la colec- tividad, reafirmando de esta forma su otredad, y así renuncia a su identidad personal, apuntando al enorme desafío o imposibilidad de la negociación cultural.

Carlos Fuentes muestra con esto la conciencia del escritor ante sus propias limitaciones y ante las insuperables contradicciones encontradas cuando se trata de "adoptar" la voz o posición subal- terna, desde la posición privilegiada del "interlocutor," algo que Gayatri Spivak-seguida por varios latinoamericanistas como Surn- mer y Beverly- ya había cuestionado en su sugestivo artículo titu- lado, "Can the Subaltern Speak?" publicado en 1988. Es por eso que el uso del humor y la ironía se convierten precisamente en los recursos literarios con los que el autor intenta no sólo distanciarse de la imposibilidad de la empresa, sino también disfrazar el fracaso al que está destinado el proyecto. Según Spivak, "Whether or not they themselves [el escritor o interlocutor académico] perceive it . . . their text articulates the difficult task of rewriting its own conditions of impossibility as the conditions of possibilities" (27). Pero a pesar de esto y a pesar de las limitaciones enfrentadas, Carlos Fuentes aceptó tomar el riesgo el desafío del proyecto, enfrentándose con su propia escritura. Es decir, que detrás de la ironía y el humor en la novela se encubre tal vez el idealismo del escritor que se basa, sobre todo, en su inquebrantable convicción de que el género de la novela tiene una

función trascendental y que quizá sea éste el único espacio donde se puede dar la plena negociación de las culturas.

Siguiendo a Rushdie y a Bajtín, Carlos Fuentes nos dice en La geografiá de la novela que la novela "es la arena privilegiada donde los lenguajes en conficto pueden encontrarse, reuniendo, en tensión y en diálogo, no sólo personajes opuestos, sino civilizaciones enteras . . . niveles sociales diferentes" (158).1°La frontera de cristal, por lo tanto, se propone como un espacio de conocimiento que posibilita a través de estos encuentros y tensiones la adquisición de una con- ciencia colectiva, aunque a veces esto se dé de manera ambigua. El texto, en este sentido, o más bien la escritura, se convierte en una forma de activismo cultural y político, tal como lo conciben teóricos postcolonialistas como Homi Bhabha, para quien el acto de escribir es siempre una actividad "política" asociada con lo que él llama "the acquisiton of agency": "Those who are able to read their world and then have voice within it are positioned to have a certain modicum of power within that world and over their destinies" (Race, Rhetoric ix).

En otras palabras, el autodescubrimiento o la adquisición de una fuerte identidad nacional requiere además de la participación activa del individuo, de su capacidad y habilidad de adquirir una voz en el futuro de México. A esto se debe que muchos de los personajes luchen por obtener poder y control para sí mismos. Tal es el caso de La Candelaria, que organiza a sus compañeras y propone la creación de sindicatos; o el caso de Luis Mm'a, el esposo de Josefina, que quiere aprender leyes para defenderse a sí mismo, sin la ayuda de Archibald; o el de Juan Zamora, el médico homosexual que decide involucrarse y comprometerse con la causa de sus compatriotas mexicanos en Los Ángeles. Todos ellos son ejemplos de individuos que han adquirido conciencia política y social a través de su enfren- tamiento ontológico con la otredad. La otra cara de la moneda la encontramos en aquellos personajes cuyo enfrentamiento con el otro es problemático y ambiguo. Tal es el caso de Lisandro Chávez que rehúsa reafirmar su identidad personal, refugiándose en su identidad

'O En el ya consagrado estudio, The Dialogic Zmagination, MUaíl Bajtín reafirma la condición de la novela como espacio diaiógico que posibilita la expresión de nuevas y diferentes formas de encuentro con la alteridad: "The diaiogic orientation of a word among other words (of al1 knds of degrees of otherness) creates new and significant artistic potentiai in discourse, creates the potential for a distinctive art of prose, which has found its fullest and deepest expression in the novel" (275).

colectiva, nacional; o el del mismo Leonardo Barroso que es incapaz de ver que su posición privilegiada y de poder son precisamente las fronteras que le impiden identificarse plenamente con sus trabaja- dores.

El complemento final a los temas de la nostalgia y del encuentro con el otro en el proyecto de construcción de una fuerte identidad nacional lo da el historicismo en la novela. Su último capítulo, "Río Grande, Río Bravo," contiene dos relatos paralelos claramente iden- tificados en su tipografía que, como en "La noche boca arriba" de Julio Cortázar, se alternan inicialmente y se van fusionando al final. El relato inicial narra la historia de la colonización del área que conforman hoy los estados de Texas y California, desde el origen mítico del Río Bravo hasta el presente histórico de los personajes de la novela. El otro relato está compuesto por una serie de viñetas personales que lleva a la conclusión el destino de varios de los personajes de las historias anteriores, aunque también introduce a otros nuevos. Al final, las vidas de varios de estos personajes se entretejen por primera vez en la novela, en ocasiones incluso de forma trágica, de la misma manera que el relato de sus vidas se entreteje con el relato de la historia de la frontera. El texto establece, por lo tanto, con su forma y contenido lo que Ernesto Laclau des- cribiría como "a dialectic that historicizes the relational interdepen- dence of the universal and particular," un ingrediente esencial para Laclau en la lucha por la hegemonía del poder (Race, Rhetoric 132). El texto presenta así una dialéctica que contextúa históricamente la inextricable relación o interdependencia entre el centro y la perife- ria, lo global y lo local. De esta manera, Carlos Fuentes se sitúa en el punto exacto de enunciación, como su personaje José Francisco, cronista del pueblo chicano que encuentra afirmación de su ser en su chicanidad: "quería escribir cosas, quería darle voz a todas las his- torias que oía desde niño, historias de inmigrantes, de ilegales, de pobreza mexicana, de prosperidad yanqui, pero historias sobre todo de familia" (293). José Francisco se convirtió en coleccionista de historias y ahora se dedica a llevar manuscritos chicanos a México y manuscritos mexicanos a Texas "para que todos se conocieran me- jor, decía, para que todos se quisieran un poquito más, para que hubiera 'un nosotros' de los dos lados de la frontera" (294). Al final del relato, los agentes de la frontera (de ambos lados) lo detienen por su aspecto exótico (en moto, pelo largo, etc.) e intentan decomisarle sus manuscritos:

-¿Qué traes en tus morrales?
-Escritos.
-¿Políticos?
-Todo escrito es político.
-Subversivo, entonces.
-Todo escrito es subversivo.
-¿Qué dices?
-Que la incomunicación es cabrona. Que el que no se puede comunicar

se siente inferior. Que el que se calla se jode.

(295)

Irónica y metafóricamente, cuando los agentes se lanzan tras los papeles, éstos, los poemas, cuentos, escritos, "zarandeados por la brisa nocturna," vuelan por los cielos, cayendo a ambos lados de la frontera. Segundos después, la sorpresa y frustración iniciales se transforman en júbilo cuando ve a los manifestantes del lado de Ciudad Juárez, levantarse "a pescar al vuelo las cuartillas," lo cual lleva a José Francisco a lanzar "un grito de victoria que rompió para siempre el cristal de la frontera" (296). De esta manera Carlos Fuentes, como su personaje, se coloca en medio de la frontera, el locus perfecto de enunciación, de articulación, y de negociación de realidades comúnmente separadas. La novela es un intento más del escritor mexicano por forjar una identidad nacional, pero también por inscribirse él mismo en este proceso dinámico y cambiante; representa la estrategia personal para adquirir un cierto modicum de poder y pertenencia al mundo de México, signado geográficamente a otro mundo. La novela termina con la siguiente invitación, que es un eco irónico de una frase muy conocida entre los mexicanos y atri- buida a Porfkio Díaz: "Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos":

que vuelen las palabras

pobre México,

pobre Estados Unidos,

tan lejos de Dios,

tan cerca el uno del otro. (309)

Al aludir con esta cita al conocido dicho porfirista, el escritor mexi- cano apunta al pasado nacional inmediato, pero no tanto con el fin de evocarlo nostálgicamente, como señalamos anteriormente, sino para

enfrentarlo con el presente y de esa forma rearticular o replantear la inextricable relación desigual que ha caracterizado la interacción de ambos países como una relación dialógica ("que vuelen las pala- bras"), equitativa ("pobre México, / pobre Estados Unidos,") donde se posibilita el encuentro con el otro.

OBRAS CITADAS

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Bajtín, Mijaíl M. Yo también soy Cfragmentos sobre el otro). Selección, traducción, comentarios y prólogo de Tatiana Bubnova. México: Taurus, 2000.

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