El erasmismo y la política de autorregulación del sujeto masculino en El crótalon

by Mar Martínez-Góngora
Citation
Title:
El erasmismo y la política de autorregulación del sujeto masculino en El crótalon
Author:
Mar Martínez-Góngora
Year: 
2002
Publication: 
Hispanic Review
Volume: 
70
Issue: 
4
Start Page: 
601
End Page: 
623
Publisher: 
Language: 
English
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Abstract:

EL ERASMISMO Y LA POLÍTICA DE AUTORREGULACIÓN
DEL SUJETO MASCULINO EN EL CRÓTALON

MARMART~NEZ-GÓNGORA Virginia Commonwealth University

1 crótalon, obra del siglo m no descubierta hasta 1871, ha sido objeto de desigual acogida entre críticos e historiadores de la literatura. Una vez descalificada por el ilustre Bataillon desde el punto de vista de su calidad literaria y de su importancia para la historia intelectual, ha susci- tado también juicios más benevolentes que han

contribuido a su revalorización.' Sin embargo, además de las cues- tiones de la autona2 y la fecha de compo~ición,~

que parecen haber

'Así, en la línea de Menéndez Pelayo que subrayaba los méritos de su estilo "abundante y lozano" (ctd. en Rallo 16), Antonio Pietro afirma que "es, tal vez, el más ameno ejemplo de nuestra prosa del siglo XVI, donde se coqjuga en arte literario el concepto del formare renacentista" (92).

"os estudiosos no se ponen de acuerdo sobre quién es el autor escondido tras el pseudónimo de Cristophoro Gnophoso. Morreale (301) sigue a Bataillon, que mantuvo que el autor era un italiano residente en España (660-61); Vian estima que con los datos existentes no se puede establecer con certeza quién fue el autor de El crótalon (El crótalon 479-80). Otros como Kincaid, (29-36), Rallo, Kerr y Armendáriz, tras contrastar las semejanzas entre los dos manuscritos conservados de la obra con el autógrafo de El Scholástico mantienen que el autor es Cristóbal de Villalón (Martínez XL~II-~LIX).

De la misma opinión fueron Gayangos, descubridor del manuscrito en 1871, y el editor Manuel Serrano y Sanz (Martínez IX). "ataillon pensaba que la obra se terminó de redactar en Valladolid en 1553

constituido las principales preocupaciones de gran parte de la crítica del último siglo, se echan de menos estudios más profundos en cuanto a su contenido ideológico se refiere.

El único asunto al que se ha dedicado algún espacio ha sido al del erasmismo de la obra,4 aunque, no obstante, ningún critico se ha detenido a estudiar las implicaciones políticas e ideológicas del discurso erasmista en este diálogo renacentista. Hay que tener en cuenta que, según defienden historiadores como Abellán, en la base de la idea imperial de Carlos V se encuentran los elementos princi- pales del ideario de Erasmo, que, a su vez, mantuvo una relación personal con el emperador (111-14)."in embargo, el hecho de que el autor del texto no parece secundar los planes expansionistas de Carlos V, no sólo expresa la escasa validez del erasmismo como base ideológica del Imperio en el momento en que la obra fue redactada, sino que además denota una serie de conflictos ideológicos que no han sido suficientemente investigados. Tales conflictos se relacionan con la aparición, en la etapa histórica del Renacimiento, de una serie de cambios y novedades en el plano político y social, tales como el paso del feudalismo al capitalismo o la emergencia del nuevo estado centralizado.

En este sentido, El crótalon se hace eco de la coexistencia de dos sistemas de valores distintos, correspondientes a estructuras socia- les contrapuestas que coinciden en este momento de transición. La obra refleja la lucha por el control de los aparatos del Estado llevada a cabo por la nobleza y la burguesía en el terreno político e ideoló- gico (Rodríguez 35). Pero de mayor importancia es el hecho de que el texto revela los esfuerzos de su autor por hacer frente a la crisis de subjetividad que aqueja al individuo de la temprana modernidad

(660-61). Según Ana Vian, la fecha de composición de la obra estan'a situada entre 1555 y 1559 ("Gnophoso" 160).

Bataillon cree que el autor del El crótalon conocía la obra de Erasmo pero niega cualquier relación literaria con éste (664-67); Kincaid considera que El crótalon contiene "an unquestionable Erasmian spirit, expressed primariiy through anticlencal attacks and satire" (46); Para Morreale el erasmista Alfonso de Valdés es uno de los principales modelos de este autor así como el satirista griego Luciano, la principal iníluencia del holandés (301); Asunción Rallo afirma que Erasmo en esta obra "está asimilado, diluido en un nuevo contexto de alcance más virulento la mayoría de las veces" (24).

" El erasmista Alfonso de Valdés es considerado el principal teórico de la idea de Imperio universal (Maravall, Carlos V, 111).

en España en mayor grado que en otros países europeos, al hallarse enfrentado a la tensión entre un orden social jerarquizado y otro basado en lo que Max Weber denomina "estructuras racionales," en las que la ética cultural dominante se fundamenta en la autorregu- lación y el autocontrol (Cascardi 114).~

Aún más, el texto de El crótalon denota los signos de una crisis de identidad masculina que, según Correll, afecta a los individuos de la emergente burguesía, obligados a negociar posiciones de autori- dad en una estructura social todavía dominada por el clero y la nobleza de sangre (Correll, "Malleable" 241).~Como trataré de de- mostrar, la obra revela el esfuerzo del sujeto burgués por afirmar un sentido de identidad y de poder, mediante la construcción de una norma de conducta masculina basada en el principio de autocontrol. Tal norma, que se establece en clara oposición a la que dirige el comportamiento de clérigos y aristócratas, actúa principalmente a través del principio de autorregulación del cuerpo masculino, del que interesan sus capacidades laborales y reproductivas. La identiñca- ción en el texto de los aspectos ingobernables del cuerpo masculino con lo femenino, facilita la crítica de los hábitos de la nobleza, a la vez que sirve para expresar la ansiedad del varón burgués ante la persistencia de formas tradicionales de masculinidad. Además, en El crótalon, el mismo principio de moderación que debe regir la con- ducta del varón funciona para articular las críticas antibelicista, antieclesiástica y antinobiliaria que dominan el diálogo, así como el desacuerdo del escritor con la política expansionista del Imperio.

La conexión del autor de El crótalon con una estructura social burguesa se justifica por su condición de humanista. Aunque es cierto que, de acuerdo con Rallo, es difícil definir la procedencia

Dicho autocontrol se relaciona con la necesidad de formarse a sí mismo durante el Renacimiento, dada la menor autonomía de la que dispone el syjeto aristocrático y de clase media, debido a la estricta disciplina impuesta por las instituciones de la familia, el Estado y la Iglesia (Greenblatt 1). Sena conveniente hacer una distinción entre el syjeto aristocrático y el de la clase media que no contempla Greenblatt.

Por identidad masculina me refiero al sentido subjetivo que cada hombre tiene sobre su propia masculinidad, lo que puede ser concebido como la interpretación y realización de las definiciones aceptadas socialmente de lo que constituye ser hombre (Brittan 20). Empleo el término "masculinidad" para aludir a aquellos aspectos de la conducta de un hombre que fluctúan según las distintas épocas, por lo que se trata de algo frágil y tentativo (Brittan 20).

social de los humanistas, puesto que el movimiento incluía desde altos funcionarios a notarios, pasando por maestros y juristas (An- tonio 102),' aún a riesgo de generalizar, podemos estar de acuerdo con Ferreras-Savoye, para quien el diálogo, forma literaria utilizada con mayor frecuencia por los humanistas españoles del siglo XVI, constituye el testimonio de una mentalidad burguesa (3-14). Aunque la obra contiene una fuerte carga de crítica a la actividad mercantil, que contrasta con la conexión burguesa del autor, éste, como vamos a comprobar, actúa como Erasmo, tratando de unificar los códigos de comportamiento de la nobleza y de la burguesía, creando uno, en el que imperan las nociones de trabajo, intercambio, mérito, movili- dad y adquisición, que podemos llamar finalmente burgués (Correll, "Malleable" 254). Así, resulta útil prestar atención a la construcción del modelo de masculinidad que el texto presenta, que, basado principalmente en el sentido de autocontrol, se caracteriza por su fuerte oposición tanto al código aristocrático como al clerical, para constatar la filiación burguesa de este texto renacentista.

Entonces, si la obra propone un modelo utópico de s~ciedad,~

el autor no parece tener dificultades a la hora de configurar al perfecto sujeto civil que debe habitar en este marco ideal. Hay que tener en cuenta que durante la temprana modernidad la noción de sujeto civil se construye como definitivamente masculino, por lo que la mayoría de las fonnulaciones de la mujer que encontramos en obras de este periodo deben ser interpretadas como una necesaria alteridad a la que poder oponerse o distanciarse (Di Stefano 13). Esta relación con lo femenino explica al contenido misógino de la obra, ya que como sostiene Asunción Rallo, en El crótalon la mujer es culpada de constituir un elemento desequilibrador del orden social (37). Según Kincaid, una de las tres preocupaciones principales de la obra parece ser la de presentar "a decidedly antifeminine bias, almost constitu- ting an obsession, and complemented by a correspondingly high regard for the ideal of friendship among men" (46). Entonces, este negativo concepto de la mujer se relaciona con la necesidad de configurar un

Para Francisco Rico, los humanistas se dirigen a altos cargos universitarios y a individuos de la nobleza, además de burgueses ilustrados y humanistas menores, con los que comparten las mismas ideas (102).

Ver Rallo. 40.

concepto de la civilidad exclusivamente masculino. A su vez, el enorme valor otorgado a la amistad entre los hombres en la esfera privada que el texto exhibe, se relaciona con la importancia de establecer relaciones homosociales en el plano político,'0 que inevitablemente suponen una exclusión absoluta de la myier del ámbito público.

El crótalon coincide con otras obras de la época en las que se identifica la masculinidad con formas de autocontrol, puesto que es durante este período de la Reforma cuando se construye la concep- ción moderna de lo que constituye ser varón (Seidler 45). Es en este momento en el que empiezan a gestarse las disciplinas corporales, de las que nace el arte del cuerpo humano, que, según Michel Foucault, se dirige a desarrollar un mecanismo de poder que, al hacerlo más obediente, lo convierte al mismo tiempo en más útil (Discipline 137-38). Así pues, aunque de manera bastante sutil, el autor de El crótalon propone una normativa cultural que funciona como un instrumento de gobierno encaminado a controlar a los ciudadanos, haciendo que éstos se controlen a sí mismos. Entonces, la obra trata de actuar de manera similar a la de tecnologías de poder actuales; es decir, mediante la inscripción material del discurso en las regulacio- nes y programas del estado cultural-capitalista (Miller, xiii).

De este modo, una parte fundamental del contenido moralizador del El crótalon se dirige a convencer al varón de la necesidad de dominar su propio cuerpo, sobre todo en el control de los alimentos y de la sexualidad (y, aunque en menor grado, de la capacidad discursiva)." Como ejemplo, el autor emplea el caso de Pitágoras que, llegando a la ciudad italiana de Crotón:

halló que reinaba mucho [allí] la luxuría y [el] deleite, y el suntuoso comer y beber, de lo cual los apartó con su buena doctrina y exemplo.

'O Eve Kosofsky Sedwick utiliza el término homosocial para aludir a las relaciones políticas entre los hombres, que pueden incluso caracterizarse por una intensa ho- mofobia (1). Jacques Derrida se refiere también al carácter androcéntrico de la amistad, tal como aparece en los textos clásicos (13).

"Ademác de la cuestion del control sobre el discurso, que ocupa menos espacio que en otros textos de la época como El scholástico de Cristóbal de Villalón, en El crótalon surge la necesidad de ejercer una regulación sobre el conocimiento, que debe adaptarse a las necesidades de la sociedad. De esta manera el autor condena la soberbia intelectual de los escolásticos (293-99), cuyas inútiles disquisiciones se caracterizan por la esterilidad.

Este hizo admirables leyes de templanca, modestia y castidad, en las cuales mandó que ninguno comiesse carne, por apartarlos de la luxuria; y de esta manera bastó refrenarlos de los vicios. Y también mandaba a sus discípulos que por cinco años no hablassen, porque conocía el buen sabio cuántos males vengan en el mundo por el hablar demasiado. (101)

Para reforzar su argumentación, el autor introduce los ejemplos negativos del rey Sardanápalo que "fue el mayor glotón y luxurioso que hubo en sus tiempos, tanto que señalaba premios a los invento- res de guisados y comeres, y a los que de nuevo le enseñasen maneras de luxuriar" (101) y el del emperador romano Heliogábalo, "un tan disoluto glotón y vicioso en su comer" (102). En el texto, la falta de moderación del varón en la mesa se vincula con la inconti- nencia sexual, denunciándose la insaciabilidad del individuo que "no perdona nada constreñido de su apetito, gula, tragazón y deleite. Todo lo gusta, come, traga y engulle, pareciéndole que sólo a él hizo naturaleza para tragar [y disipar] todos los otros animales y cosas criadas" (1 18).

Para el autor, tanto la homosexualidad como la zoofilia son consecuencias de este insaciable apetito carnal que caracteriza a los humanos:

Pero vosotros los hombres no ansí, porque no os perdonáis unos a otros: pero muger con muger, y hombre con hombre, contra las leyes de vuestra naturaleza.. . Dexemos de contar cuántos varones han tenido sus ayuntamientos con cabras, ovejas y perras. (117-18)

Con ello se trata de establecer un código de masculinidad basado en el principio de autocontrol de los apetitos corporales. En este sentido, el texto se asemeja a ciertas obras de literatura de conducta que pretenden transformar, subyugar y producir el cuerpo, al inscri- bir en éste los signos de la civilización (Correll, me End 14).'"1 autor se adelanta de alguna forma a la corriente racionalista inaugu- rada en el siglo XVII, de la que el hombre moderno ha heredado nociones de control internas, pues trata de dominar su naturaleza a través del ejercicio de la razón y de la voluntad, dándole la oportu-

'"lias demuestra que la autorregulación de los instintos y de la vida afectiva supone un aspecto clave en el proceso de civilización (443-56).

nidad de disfrutar de la libertad que conoce como ser humano (Seidler 66). Sin embargo, como afirma Seidler, esta herencia racio- nalista ha marcado la relación de los hombres con las mujeres, que son concebidas como más cercanas a la naturaleza, lo que concierne a la misma formación de la identidad masculina (66). La función de la mujer en El crótalon coincide con la que se le asigna normalmente a ésta en los textos renacentistas en los que se emprende una configuración del sujeto masculino. Como explica Ruth El Saffar, en tales obras la mujer se trata de "an Other who dwells as reject at the peripheries of the ego. That Other carries the demons of guilt, desire, rage, fear, grief, shame, and ecstasy that in its formation the '1' has expelled" (185). No es de extrañar, pues, que los esfuerzos del humanismo y de la literatura didáctica en general, dirigidos a incul- car en el varón el cultivo del autocontrol, vengan acompañados de una construcción de la mujer en la que destaca una supuesta inca- pacidad por contener su propia naturaleza.

El crótalon se sitúa en la línea de De Civilitate de Erasmo de Rotterdam, reflejando la voluntad de situar los cambios sociales en una estructura patriarcal, en la que la virilidad se define por una fuerte oposición al "afeminamiento" y por la habilidad de contener "el otro yo." Por lo tanto, el mecanismo de autocontrol del varón sólo puede ser efectivo mediante el distanciamiento de lo femenino y la represión del mismo. Como ocurre en otras obras de literatura de conducta de la temprana modernidad, en El crótalon se intenta constituir la masculinidad cultural a través de una victoria temporal sobre las cualidades ingobernables del cuerpo, que se identifican con la alteridad femenina (Correll, me End 14).

En este sentido, no debe sorprender que en la obra, el "afemina- miento" represente la ansiedad del varón ante un posible fracaso a la hora de dominar su cuerpo. Entonces, si para el autor la "continencia sexual" es una de las virtudes que definen el comportamiento del varón ideal, la incapacidad de controlar los apetitos carnales pro- voca una expulsión inmediata del orden masculino, representada en el texto a través de la figura del varón "afeminado."

Por ejemplo, en El crótalon, la promiscuidad sexual se relaciona con un hábito tan poco viril como es el de usar perfumes y cosmé- ticos, a los que el autor les asigna la función de incitar en los hombres la lujuria:

Vosotros los hombres todos los sentidos corporales corrompéis y depraváis con vuestros malos usos y costumbres y inclinaciones, enderecándolos siempre a vuestro vicioso deleite y luxuria . . . Pues si venimos al sentido del oler, si consideramos aquellos olores suaves de gomas, especias y pastillas de que andáis siempre oliendo, regalando y afeminando vuestras personas, en tanta manera que ningún varón de vosotros viene a gozar de su propia muger si primero no se unta con unciones delicadas y adoríferas, con las cuales procuráis incitar y despertar en vosotros a Venus. (115)

La denotación del uso de perfumes y cosméticos significa, ade- más, una reacción por parte del autor contra los usos cortesanos. Esta actitud coincide con la que Kuchta nota en mercantilistas y caballeros rurales ingleses de la época, opuestos a la importación italiana de modas y maneras cortesanas, con lo que colaboran en la creación de una imagen de la corte como un lugar dominado por el vicio, la lujuria y el afeminamiento (234).13 Según esta ideología contraria a los hábitos de la nobleza, que el autor de El crótalon parece compartir, el despliegue ostentoso de vestuario y, con ello, el uso de cosméticos y perfumes, se relacionan con el afeminamiento y la dependencia política, mientras que una conducta masculina ba- sada en la simplicidad y el autocontrol significan libertad y autonomía (Kuchta 234).

En la obra se denuncia, además, la pérdida de función social de la nobleza y la transformación del guerrero medieval en un ocioso cortesano, cuyo principal empeño es lograr el favor del príncipe. El autor ofrece una visión del comportamiento "afeminado" de estos aristócratas que coincide con la de la crítico contemporánea Joan Kelly, quien sostiene que en las cortes renacentistas el caballero adopta maneras de mujer en su relación con el príncipe (44). Según la interpretación que ofrece Kelly de El cortesano de Castiglione, la dependencia del príncipe por parte del cortesano se expresa me- diante la adopción de ropa y maneras femeninas (44). En palabras de Kelly, el cortesano, "to be attractive, accomplished, and seem not to care; to charm and do so coolly-how concerned with impression,

l3 Existe una corriente de literatura articortesana inaugurada en 1444 con De curialium miseriis de Eneas Silvio Piccolomini, cuyo máximo exponente en España es Menosprecio de corte y alabanza de aldea (1539) de Antonio de Guevara (Gómez 213).

how masked the true self. And how manipulative. . . In short, how like a woman" (45). El propio Castiglione, consciente de esta iden- tificación, se preocupa en advertir al cortesano de que un exceso en el uso de adornos y cosméticos puede conducir a una disminución de los atributos que definen su masculinidad. De tal modo, recomienda al varón que exhiba una expresión en el rostro, grave, de "hombre," que no sea ni "regalada ni muy blanda, ni mujeril como la desean algunos, que no sólo se encrespan los cabellos y, si a mano viene, se hacen las cejas, mas aféitanse y cúranse el rostro con todas aquellas artes y diligencias que usan las más vanas y deshonestas mujeres del mundo" (133).

En El crótalon se expresa con claridad la ansiedad del varón ante esta posición de dependencia política que ejemplifica el cortesano, cuyo comportamiento tanto asemeja al de una mujer. Como Casti- glione, el autor declara su preocupación ante la pérdida de mascu- linidad a la que puede conducir una excesiva exhibición de modos cortesanos, mediante el uso en el texto de la imagen de la prosti- tuta.14 En el canto séptimo, el autor describe los efectos de este tipo de ansiedad masculina a través de los lamentos del gallo, que en una de sus varias vidas se reencarnó en la figura de un cortesano:

Halléme todo affeminado sin parecer en mí ni semejanca de varón, lleno de luxuna y de vicio, untado el rostro y las manos con ungüentos, colores y aceites con que las rameras se suelen adornar para atraer a sí a la diversidad de amantes. . . Traía un delicado y polido vestido. . . llevaba un collar rico de muy preciadas piedras de Oriente y esmaltes que de ambos cuelga hasta el pecho, llenos de anillos los dedos, y dos bracaletes en cada braco que parecían axorcas de myier; traía los cabellos encrespados y dados, ruciados y untados con aguas y aceites olorosos muy preciados . . . me hallé convertido en viciosa y delicada myjer. (206-07)

El autor emplea la figura de la prostituta para simbolizar el exceso de materialidad de los usos y maneras cortesanas, que co-

'"ara Kuchta, en algunos textos renacentistas "overdressing was a fonn of semiotic prostitution, as a impure traffic between signifier and signified, an exchange muddled by an inmoderate attention to materiaiiw . . . Clothing, then, was a dangerous supplement to masculinity. Masculinity sat ambivaient between the extremes of homosexuaiity and prostitution, differentiated from them only by its moderate attitude to materiaiity, by its nonchalance toward the signfier" (239).

laboran en una pérdida definitiva de los signos que marcan la iden- tidad masculina.

Por tanto, en el texto se expresa un reconocimiento de la nece- sidad de asegurar esta frágil identidad masculina mediante el despliegue de formas más tradicionales de masculinidad, tales como la habilidad de demostrar en el ámbito público una disposición para la acción y el riesgo físico, así como mantener una activa conducta sexual que, según Gilmore, constituyen los fundamentos esenciales de la virilidad en la sociedad mediterránea (44). En general, si- guiendo a Gaylin, "Down through the centuries, across cultures, the essence of manhood has been defined by fulfilling guided roles: protector (warrior); provider (hunter); and procreator (sire)" (6). De esta manera, no nos sorprende que en la historia de los dos fieles amigos del canto IX, una mujer vestida de varón, ante los requeri- mientos amorosos de otra dama, "acordó ser muy mejor descubrirle ser muger como ella, antes que ser tomada por caballero necio y cobarde para semejantes casos de amor, y dixo la verdad, porque cierto era cosa de caballero afeminado rehusar una dama de tanta gentileza" (251).15

El texto refleja la obligación del varón de la época de demostrar su disposición al encuentro sexual si no quiere arriesgarse a ser tenido públicamente por "afeminado." Por otra parte, tampoco re- sulta extraño que el compungido protagonista de El crótalon se autorrecrimine diciendo:

;O malditos y míseros placeres del mundo, qué pago tan desventurado dais! iO plugiera a Dios que fuera yo a la guerra y mil vezes muriera yo allá, antes que haber yo quedado en este deleite acá! Porque con la muerte hubiera yo hecho la xornada mucho a mi honra, y ansí quedando acá muero cien mil vezes de muerte vil sin osar parecer. (207)

El contraste entre esta alusión a la actividad bélica y la anterior defensa de un código de comportamiento masculino basado en el principio de autocontrol (que concuerda con el mensaje pacifista de El crótalon al que me referiré más abajo) confirma las dificultades

'"1 autor, basado en el Orlando Fun'oso (Rallo 251), insiste en el motivo del afeminamiento, puesto que Ariosto se limita a razonar que "Gli 6 meglio. .. s'io mi mostro femina gentile,/ que lasciar riputarmi un uomo vile (xx?,30).

que encuentran las nuevas formas de masculinidad para emerger ante la presión ejercida por otras más tradicionales.16

Pero además, en la obra se establece una denuncia de la pérdida de las funciones sociales de la aristocracia nobiliaria, que no ha sabido adaptarse a las nuevas necesidades del moderno Estado centralizado. La nobleza, que ocupaba el puesto de los "bellatores" en la sociedad estamental, se distingue en este momento histórico por su tendencia al ocio y al despilfarro. Según el historiador Do- mínguez Ortiz, "consecuencia del ideal caballeresco degradado era, juntamente con la ociosidad, el gasto superfluo, que impedía el ahorro y la capitalización a la par que fomentaba la introducción de artículos suntuarios que desequilibraban la balanza de pagos" (1 18). Los excesos de los nobles representan en El crótalon la dificultad de someter a la nobleza al control del Estado. Por tanto, no se debe confundir esta denuncia de la pérdida de la función social de la nobleza con la nostalgia de la existencia de una aristocracia guerrera, puesto que en la obra prevalece un sentimiento antibelicista y con él, una fuerte crítica de la política expansionista de Carlos V.

Por el contrario, se podría sugerir que el texto refleja el intento de los miembros de la burguesía por arrebatar a la nobleza el control del ejército, que junto con la burocracia que ya domina en gran medida, constituyen, según Althusser, los dos aparatos fundamentales con los que el Estado absolutista cuenta en su lucha por constituirse (3-39). La utilización en la obra del entierro del marqués del Gasto, distinguido militar al servicio del emperador, como ejemplo nega- tivo, se relaciona con la necesidad de abogar por un nuevo concepto del ejército.17 Se trata de lograr que éste defienda la seguridad del Estado en lugar de los intereses de la aristocracia exclusivamente.

l6Se subraya la propia fragilidad del concepto de masculinidad que debe ser continuamente asegurado, ya que como nos recuerda Kaufman, "Masculinity is power. But masculinity is terrifyingly fragile because it does not really exist . . . as a biological reality-something real that we have inside ourselves. 1 exists as ideology; it exists as scripted behavior, it exists within "gendered" relationships. But in the end it is just a social institution with a tenuous relationship to that it is supposed to be synonymous: our maleness, our biological sex" (13).

l7 El marqués del Gasto era Alfonso de Ávalos, prototipo de caballero renacen- tista, poeta, soldado y aristócrata, cuya corte milanesa era una de las más suntuosas de su tiempo (Rallo 276).

La crítica a las ostentosas pompas fúnebres del Marqués del Gasto, protagonista indiscutible de las campañas militares más im- portantes de Carlos V, se vincula al mensaje pacifista. El que el irenismo se relacione con una crítica específica de la política expan- sionista del Imperio implica que el erasmismo ha dejado de prestar su apoyo ideológico al proyecto del emperador. Podría sugerirse que las ideas de Erasmo parecen haber sido utilizadas por el autor de El crótalon como medio de legitimar el contenido intelectual de la obra, aprovechando el prestigio del reformador del Norte de Europa, facilitando, de esta manera la expresión de una oposición a la situación política y social de su tiempo.

Por tanto, en El crótalon, la crítica de la política expansionista del Imperio prevalece sobre el pretendido patriotismo de la obra, que algunos críticos como Kincaid han sugerido (47-48). El explícito mensaje pacifista, mediante el que se establece una radical condena de la guerra, invalida la alabanza de las hazañas militares de Carlos V del canto segundo.'' El autor se refiere a los soldados que parti- cipan en la guerra como "el más perverso y bajo género de hombres que en el mundo hay" (338) y alude a la ferocidad de las batallas, así como a la imposibilidad de salvación eterna de los que en ellas participan, refiriéndose al "espanto que causa en el soltar de las lombarda y artillería, el relinchar de los caballos, la fiereza con que se acometen los hombres con enemiga sed y deseo de se matar, de manera que si en aquel encuentro mueren van perdidos con Luzifer" (337-38).

Pero al escritor no sólo le interesa el destino de las almas de los soldados, sino que expresa su preocupación por el caos social y la

l8 Según Ana Vian, el que la crítica de las acciones bélicas de los soldados imperiales se presente al lado de una alabanza de las principales victorias militares de Carlos V no debe sorprender, puesto que " 'Gnophoso' no es el único caso de escritor imperial y procarolino que al tiempo detesta la guerra y reivindica la paz entre los cristianos" ("La batracomiomaquia" 161). De manera más convincente, Rallo inter- preta el panegírico a Carlos V en el contexto de la obra, para resaltar el tratamiento irónico de las hazañas bélicas del emperador, al ser éstas referidas por "una bruja de Navarra (de las mismas que serían perseguidas en el reinado de Carlos V), que explica las adivinaciones de una bisabuela suya, también bruja. . . a un joven noble desertor de la guerra" (29). Además, el palacio de Saxe es un lugar en el que toda la nobleza de España se encuentra presa del vicio e inmovilizada en forma de árbol, lo que evoca un castigo a la manera ovidiana, o, en definitiva, un espectáculo "dantesco" (Rallo 30).

paralización de las instituciones que derivan de una situación bélica, además de las enormes pérdidas económicas que sufren las regiones afectadas, puesto que "ni se usan los oficios, ni exercitan los sacri- ficios, cesan las labrancas del campo, y los tratos de la república . . . y no es tiempo de hazer a ninguno justicia" (339). El autor concluye que "es la guerra una furia infernal que se lanca en los corazones humanos, que los priva de razón, porque con razón y sin furia no se puede pelear," subrayando el fondo de irracionalidad de cada con- fiicto armado. También en el canto xv, en el que a imitación de Luciano ofrece una descripción del infierno en la que destaca la presencia de las almas de los soldados imperiales que han muerto en batalla (344),19 el escritor aprovecha para poner en tela de juicio el concepto de guerra justa, puesto que:

no todos los que mueren en la guerra van al infierno por causa de ser injusta la guerra, porque saber que la verdad de su justicia no está a cuenta de los soldados, sino de los príncipes que la mueven.. . y principalmente si la mueve el supremo príncipe siempre se presume ser justa. (344)

Además, significativamente en el canto XII, con ocasión de un vuelo al firmamento del personaje lucianesco Ícaro Menipo, el autor degrada el poder de Carlos V y la grandeza de su Imperio. Desde la perspectiva del cielo, el personaje confiesa que:

No me parecía el reino de Navarra un paso de un hombre pequeño. . . ansí miraba qué era lo que tanto haze ensoberbecer a estos ricos del mundo, y maravillábame porque ninguno posee tanta tierra como un pequeño átomo. . . Pues cuando volví a los ojos a la Italia y eché de ver la ciudad de Milán, que no es tan grande como una lenteja, consideré con lágrimas por cuán poca cosa tanto príncipe y tanto cristiano cómo en un día se puso a riesgo. ¿Pues qué diré de Túnez y de Argel?. . . pues toda la India de la Nueva España y Perú, y lo que nuevamente hasta salir al mar del Sur se navega no parece ser [de] dos dedos. (303)

En esta ocasión, el autor transforma el modelo de Luciano y adapta la visión miniaturizada de Grecia al territorio europeo y

l9 Los cantos XII al XVI se inspiran en los diálogos de Luciano Maipo en los abismos y Menipo en las nubes (Rallo 291) Como explica Morreale, los diálogos se ajustan en El crótalon a la doctrina cristiana (388-95).

americano ocupado en aquel momento por Carlos V (Rallo 303), lo que coincide con el tono general en la obra de crítica del Imperio. De este modo, podría sugerirse que el proyecto imperial constituye el blanco específico de este discurso antibelicista de corte erasmista.

Por otra parte, la descripción del entierro del marqués del Gasto, que figura en testimonios de la época en los que se alaba la figura del fallecido aristócrata, se transforma en El crótalon en una parodia de los funerales de un miembro de la nobleza. A través de la descripción de las inmoderadas pompas fúnebres del marqués se refuerza el carácter antiaristocrático y anticlerical del texto. Pero además, ob- servamos que en la descripción del entierro, parte del efecto crítico se logra mediante la alusión a la excesiva utilización de metales preciosos en la suntuosa ceremonia funeraria. El autor juega con la carga simbólica del oro para situar el pasaje en la misma línea de moralización contra la política colonialista en América que se co- mentará más adelante. Pero aún más significativo, al final del pasaje, el personaje del gallo, refiriéndose al oro empleado para la fabrica- ción del mausoleo, afirma: "Gran locura es estar el cuerpo hediendo (en la sepoltura) un estado debajo de tierra, hecho manjar de gusa- nos, y estar muy ufano por tener acuestas una lancha que pessa cincuenta quintales dorada por encima" (289). Es decir, el autor parece transferir al oro las propiedades escatológicas del cadáver, con lo que apunta la necesidad de un cambio en la apreciación de este metal por parte de sus contemporáneos.

La imagen del cuerpo del marqués corrompiéndose bajo el peso del oro sugiere una denuncia de la falta de visión de la aristocracia que emplea este metal únicamente como símbolo de su poder. Me- diante esta referencia a la estéril carga de oro que cubre la sepultura del marqués, destinada a perecer como su cuerpo, el autor expresa la ineptitud de la nobleza, que no logra entender el valor que adquiere este metal en el nuevo orden mercantilista, dada su capacidad para funcionar como un signo de medida y cambio (Foucault, The Order 168-74). La función del oro acumulado no es la de mantenerse inactivo, sino que debe ser puesto en circulación e iniciar un proceso de intercambio de bienes. El oro se convierte en riqueza sólo al cumplir su función representativa; es decir, cuando reemplaza a estos bienes; cuando permite su movilidad; cuando ofrece a las materias primas la posibilidad de que sean consumidas como pro- ductos elaborados; y cuando es empleado para renumerar el trabajo (Foucault, The Order 178). Por tanto, la relación entre riqueza y dinero dependen del valor del oro como signo de medida y cambio, no tanto de lo "precioso" que pueda ser este metal (Foucault, The Order 178).

Entonces, la fuerte diatriba que encontramos en El crótalon contra los mercaderes funciona no tanto para marcar una oposición a la actividad mercantil sino para desacreditar a los responsables de las grandes decisiones económicas del Imperio. Pero más impor- tante, la desmedida codicia que caracteriza a algunos comerciantes expresa un fracaso por su parte en la adquisición del principio de autocontrol y moderación que debe regir al ciudadano ideal.20 El autor se muestra, por tanto, contrario a un desmedido afán de lucro, tal como observamos en el canto m,en el que el alma de la pecadora Rosicler señala una sección del infierno "donde son atormentadas las almas miserables de los avarientos usureros, cambiadores, renove- ros, negociadores, que a tuerto y a derecho no hazen sino llegar gran suma de dineros para satisfazer su insaciable codicia" (359). El escritor se opone al ansia desmesurada de obtener beneficios de algunos mercaderes que:

por trampear todo lo ha de tener con cobdicia que tiene de ser rico y ser estimado ante todos los otros; de manera que hallaréis un hombre solo que no hay mercadena que no trate con esta sóla intinción. . . y por ir el negocio en esta manera puede venir tiempo que no podamos caber en el infierno.. . porque cada día se augmentan las usuras, los cambios, las merchanerías, trampas y engaños, trapazando ferias y alargándolas. (372)"

Esta crítica de los codiciosos mercaderes se vincula a uno de los elementos más importantes de la obra, por lo que tiene de expresión de la oposición al proyecto imperial, como es el ataque a la impor- tación masiva de metales preciosos de Ultramar. En el canto ~II,el gallo toma forma de un mancebo que, de camino a tierras americanas en busca de aventuras, naufraga y es acogido junto a sus compañeros por la Bondad y la Verdad. El autor se desvía de su modelo, La

"Hay una coincidencia con el contenido de Provechoso tratado de cambios y contratación de mercaderes de Cristóbal de Villalón.

"También, en el canto MI, encontramos un ataque a las "usuras, cambios, y tráfagos de mercaderes y merchantes trapazos de ferias y mercados" (301), que no se halla en el modelo de Luciano.

histoma verdadera de Luciano, no sólo en la transferencia de la acción al marco del Océano Atlántico, sino al incluir una alegoría de la Bondad y a la Verdad (Rallo 394). En dicha alegoría, la Riqueza y la Mentira, para vencer a la Bondad y a la Verdad, convocaron a la gente que, codiciosa de metales preciosos, acudieran "descubrir aquellas tierras de las Indias" (406-07). El autor se hace eco de la polémica iniciada por Bartolomé de Las Casas y señala a la sed del oro como el origen de la empresa colonizadora en América (Rallo 406). La visión del descubrimiento como responsable de la pérdida de un orden ideal anterior es frecuente en textos de la época. En Menosprecio de Corte y alabanza de aldea, Antonio de Guevara afirma: "¿Cómo loaremos a nuestro siglo de no ser codicioso y avaro, pues el oro y la plata, no sólo no lo echan en las aguas, mas aun van por ello a las Indias?" (245).

Los ataques, pues, tanto a la actividad mercantil como a la navegación con fines comerciales tienen por objeto expresar una distancia con el orden económico del Imperio, que se basa princi- palmente en la masiva afluencia de metales preciosos de América. El texto se hace eco de que la explotación intensiva de las minas de oro y plata ha logrado un enorme aumento de la producción de moneda y, por tanto, de los precios, sin dar tiempo a la industria, a la agricultura y a la población de desarrollarse de manera proporcio- nada (Foucault, The Order 188). Aunque la teoría de Hamilton que relaciona este flujo de metales con el espectacular aumento de precios es discutible, puesto que hay que considerar otros factores, tales como el excesivo gasto de la aristocracia (que se tiene bien en cuenta en El crótalon como hemos visto) y el impacto del aumento de la demanda en una economía subdesmollada (Elliot 208), el autor parece ser consciente de que ésta es una de las razones principales del desastroso estado de la nación.

Sin embargo, esta crítica de los mercaderes codiciosos no invalida la filiación burguesa de este texto humanista. La denuncia del ansia de riqueza de ciertos comerciantes no resulta incompa- tible con el discurso de formación del ciudadano que impera en la obra, cuyo propósito fundamental es aportar al sujeto "burgués" o "mediano" si empleamos la terminología de Maravall (Poder 251- 302), un sentido de identidad. En general, si los comerciantes basan su poder en los recursos económicos, los humanistas son conscientes del valor de la retórica y del dominio de la palabra para la actividad política y la administración. Como sostiene Ynduráin, "frente a los poderes tradicionales, comerciantes y hombres de letras (humanistas o artistas) son gente nueva cuyo éxito es el resultado del esfuerzo individual, y no consecuencia de las hazañas de remotos antepasados" (921.''

Pero además, esta crítica a los mercaderes en una obra de orien- tación humanista y burguesa demuestra la heterogeneidad, a la que se refiere Eagleton, con la que son construidas las ideologías que, aunque presentadas como si estuvieran unificadas, se caracterizan por su complejidad interna, es decir, por la relación conflictiva entre los varios elementos que las conforman, que deben ser continua- mente redeñnidos (45).

Un ejemplo de la defensa de la clase mediana frente a otros sectores, como el clero, lo constituye la apología del derecho de los ciudadanos laicos a conservar sus bienes. Para el autor de El crótalon los hombres casados no están obligados a cultivar la virtud evangélica sino que ésta se reserva a los clérigos. Por tanto, el escritor afirma que:

Si fuesse un hombre que tiene casa, hijos y muger y estado que mantener, si le tomassen lo suyo, lo que con justo título posee, no creo que sena prudencia evangélica dexarlo perder. Pero tengo que éste tal legítimamente lo puede cobrar y, si puede, por medios lícitos de justicia, defenderlo. Pero un fraile. o perlado, y cualquiera sacerdote que es solo, y no debe tener, ni tiene cuidado más que de su persona, yo bien creo que sena obligado a execitar esta virtud evangélica. (130-1)

Entonces, el escritor echa mano de otro elemento principal de la doctrina erasmista, tal como es la apología del matrimonio cris- tiano," para defender el derecho fundamental en la sociedad patriar- cal de los ciudadanos laicos a ejercer un control sobre la propiedad. En El crótalon se marca la superioridad de la función social del ciuda- dano laico frente al hombre de Iglesia, que, además, en virtud de sus votos religiosos, tiene prohibida la posesión de bienes materiales.

2' Maravall explica el proceso de formación de una conciencia de grupo por parte de la "clase intermedia" (Poder 251-302).

"Además de en Querella Pacis, traducida al castellano en 1520, Erasmo trato el irenismo en Institutio principis christiani, Scarabbeus, Dulce bellum inexpertis, Julius excelsus. El tema del matrimonio aparece en Apología del matrimonio, Edu- cación del plincipe c~istiano o "Mempsigamos."

Al mismo tiempo, mediante la defensa del matrimonio frente al celibato, el escritor da énfasis al principio de autocontrol, esencial para la formación del ciudadano ideal. En definitiva, si el concepto de paz universal implica un cambio en el código tradicional de masculinidad, al abogar por que los hombres controlen su tendencia a ejercer la violencia física, a través de la apología de la institución matrimonial se pretende que éstos puedan canalizar su energía sexual en la relación conyugal con la esposa.

De tal manera, uno de los asuntos más criticados de los miembros del clero en las obras erasmistas es su tendencia a la promiscuidad sexual. En El crótalon, cuando el personaje del gallo se metamorfosea en sacerdote comenta: "En aquel tiempo yo gozé de muchas fiestas, de muchas galas y invenciones. Era de tanta dama querido, requerido y tenido cuanto nunca galán cor- tesano lo fue." (127). También, entre las almas condenadas al infierno se encuentran las múltiples "mancebas de los clérigos" (354). Pero es precisamente la incapacidad del clero de poner sus deseos carnales bajo control el aspecto más destacado de la crítica antieclesiástica. Por ejemplo, en el canto XVII el autor se refiere al "desorden y la poca templanca, con que esta gente consagrada toma semejantes ayuntamientos" (443), en alusión al caótico comportamiento de los clérigos en un festín. En este pasaje, la crítica de la conducta de estos eclesiásticos se basa principalmente en su escasa habilidad para reprimir sus apetitos. Por ejemplo en el pasaje se alude al cura de San Miguel que "comía con insaciable agonía y lancaba en los pechos y fatriquera medias limas y naranjas, y algunas guindas que rodaban por la mesa" (381). En el mismo episodio, hay una referencia a la con- ducta incontrolada del cura de San Nicolás, que no sólo tiene la "desvergüenza" de autoinvitarse al convite, sino que no acepta sentarse en una silla puesto que "las dueñas y hombre regalados se habían de sentar a comer en silla y no un hombre moco y robusto como él, que por allí quería comer passeándose, y que si acaso se cansasse, que el se sentaría en aquella tierra sobre su capa" (382).

La ausencia de dominio sobre las técnicas del cuerpo que denota el comportamiento incivilizado del cura, se subraya en el texto con la alusión a la falta control sobre sus funciones biológicas, puesto que "comencó a dormir, y por las partes inferiores y superiores comencó a roncar con gran furor" (385). El texto juega con los aspectos del asco y la vergüenza, como básicos para la construcción de un código civilizado de comportamiento masculino." Por ejem- plo, en el episodio uno de los clérigos, "comenzó a cantar una ensalada en romance y latín que necesitaba a que las damas cerras- sen las orejas y aún los ojos por no ver pervertida la gravedad de tanto maestro. Pero. . . [a los clérigos] no parece que les hazía asco aquel lenguaje a sus paladares; y ansí a este tono si uno [lo] comen- zaba sucio, el otro lo ensuciaba más" (385). Entonces, la habilidad para provocar el rechazo del lector de este tipo de conducta se basa no sólo en el contenido humorístico del episodio sino en la inclusión de estos elementos escatológicos. Finalmente, el pasaje da término con una pelea entre los curas que ilustra el fracaso de los miembros del clero a la hora de controlarse a sí mismos: "Y como Cleodemo tuvo a Zenothemides junto a sí le dio con la copa de vino en el rostro, que le envistió todo dél, y luego Zenothemides tomó a Cleodemo por la sobrepelliz y le truxo al suelo y hízole dar con el rostro y la cabeca en un banco, de que mal le descalabró" (391).

Pero además, en El crótalon encontramos una defensa del trabajo manual bastante original en la época que manifiesta un fondo ideológico próximo al burgués. El autor destaca en el canto XIX la autonomía del que ejerce este tipo de oficio, puesto que, según él, ''¿quién es aquel que teniendo algún officio, o arte mecánica, aunque sea de un pobre capatero como tú, que no quiera más con su propria y natural libertad con que nació, ser señor y quitar y poner en su casa conforme a su voluntad, dormir, comer, trabajar y holgar cuando querrá, antes que a voluntad agena vivir y obedecer?" (431). El autor recrimina a aquellos individuos de la clase mediana que emulan la conducta de los ociosos cortesanos, cuya única función es la de complacer a sus superiores, ya que:

dotados de naturaleza de alguna habilidad para aprender, o que saben ya algún arte mechánica, la cual tomada por officio cotidiano, trabajando a la contina se pueden mantener; o aquellos que en alguna manera se les comunicó por su buen natural alguna sciencia, gramática, rectórica o

"Véase Elias, sobre la importancia del asco y la vergüenza en el proceso de formación del syjeto civil durante el Renacimiento, 292-300.

philosophía, éstos tales merecían ser escupidos o negados de su naturaleza sí, dexando al exercicio y ocupación destas sus sciencias y artes que para la conservación de su bienaventurada libertad les dio, si repudiada y echada de sí, se lancan en las casas de los pnncipes y ricos hombres a servir por salario, precio, xornal y merced. (418)

El escritor, que equipara a los humanistas con los oficiales mecánicos, dada la pertenencia de ambos a la clase mediana, reacciona ante la escasa consideración del trabajo manual en la sociedad de la época. Así mismo, manifiesta su preocupación ante la posición de dependencia e inferioridad de éstos con respecto a los nobles, que es representada mediante la alusión al salario. Pero a través de esta defensa de los oficios manuales, el autor también aboga por un aprovechamiento del cuerpo del varón, del que interesa el potencial de su energía física como mano de obra, así como su capacidad reproductiva, una vez controlada a través de las nuevas instituciones del matrimonio y la familia.

En conclusión, la obra revela el esfuerzo del sujeto burgués por afirmar su posición social a través de la construcción de una norma de conducta masculina basada en el principio de autocon- trol. Tal norma se establece, en clara oposición a la que rigen a nobles y eclesiásticos, mediante del principio de autorregulación del cuerpo masculino, del que interesan sus capacidades repro- ductivas y laborales. Entonces, en cierta medida, el autor de El crótalon puede ser considerado un antecedente de autores que, como Gracián, son capaces de transformar el criterio aristocrá- tico de la "sprezzatura" en la sicología del autocontrol, al hacer que el sujeto interiorice mecanismos de autocontrol heredados de la contrarreforma (Cascardi 129). Sin embargo, tales mecanismos proceden también del discurso reformista, puesto que, como he- mos visto, El crótalon se sitúa en la misma línea de los textos erasmistas en los que el discurso de autorregulación de las facul- tades corporales muestra la lucha por reemplazar el criterio de nobleza de sangre por otro basado en la culturización, mediante una acumulación de un dominio de las técnicas del cuerpo (Co- rrell, "Malleable" 254). En definitiva, en El crótalon, el mismo principio de moderación que debe regir la conducta del varón funciona para articular las críticas de la nobleza y de la Iglesia que dominan el diálogo, así como la desilusión y el desacuerdo del autor con el proyecto político del Imperio.

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